Reuniones Imposibles

Por el Dr. Gastón G. Beraldi, Profesor de Ética y Problemas especiales de Ética Departamento de Filosofía, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, texto para muestra "Reuniones Imposibles", Galería Pabellón 4 Arte Contemporáneo.


"En un espacio dominado por lo caótico, lo agónico y lo barroco, Paula Otegui nos invita a contemplar la posibilidad de otro kosmos".

Ensayo General: 200 x 150 cm, Acrílico sobre Tela, 2014
Ensayo General: 200 x 150 cm, Acrílico sobre Tela, 2014

Con Louis Marin podemos decir que un cuadro narra. En este sentido, la representación pictórica puede encontrar su efecto más específico, más propio, en el campo del otro, como texto. Por eso se dice que se lee un cuadro pintado. La artista nos invita entonces a leer una pintura, pero que es a la vez la lectura que ella hace del mundo. La nuestra entonces es una lectura como metalectura, la lectura de la lectura, la lectura desde lo caótico, lo agónico y lo barroco.

La función operatoria de lo barroco -como diría Deleuze- le permiten a la artista iluminar eficazmente problemáticas que quedan invisibilizadas bajo otros enfoques. Así, los conceptos operativos del barroco: pliegue/despliegue, interior/exterior, alto/bajo, textura, resultan claves para la lectura de esta obra. Como texto barroco y latinoamericano, la obra pictórica de Otegui torna visible la confrontación entre una cultura hegemónica -la del libro/imagen del mundo: la de la lógica binaria, la estructura arborescente o estructuras jerárquicas, es decir, los teoremas de la dictadura y la estructura de poder- y una aparentemente subordinada que la horada, cuestiona, fagocita y subvierte. Predispone así a una hermenéutica atenta a las tensiones, contraposiciones y conflictos propios de nuestra historicidad, en definitiva, a una forma agonista o agónica en que se le/nos presenta el mundo y la vida.

Por ello, para la lectura de esta obra, creemos que es un útil recurso la metáfora del rizoma deleuziano. Si lo que ha dominado la realidad y todo el pensamiento occidental es la arborescencia, el fundamento-raíz, la trascendencia, la mímesis, la significancia, la representación, el libro imagen del mundo, la lógica binaria, y los sistemas centrados. Ante ellos, surge un eventual hombre nuevo, acentrado y rizomático, donde no hay más secreto, ni fantasma. Sólo puede haber una cosa: experimentación-vida.

En este sentido, la obra de Paula Otegui exige otras condiciones para la creación, reivindicando la pintura como diferencia de los modelos dominantes al uso. Pintar entonces es construir un rizoma, como El Castillo de Kafka, que tiene "múltiples entradas". La tarea a la que está llamada es deconstructiva, desestabilizadora, disolvente. No fija o define, sino desestabiliza y huye de los límites establecidos. Pintar es devenir. Devenir no es llegar a ser otra cosa, sino encontrar la zona de vecindad con lo que no somos. Ya no tan sólo escribiendo se deviene mujer, animal, vegetal o molécula -como sucede en Deleuze-, sino que también pintando se deviene lo que no somos. Pero no se deviene en Hombre, ya que las estructuras de poder son sistemas centrados en el Hombre. En el proceso creativo nos convertimos en lo inacabado. Mucho más allá de un devenir minoritario, se encuentra un devenir imperceptible. Se crean direcciones, sentidos, otros valores.

Pero no hay que pensar el sentido como un fin, no hay que suponer que la meta está ya definida. Devenir es crear una dirección de movimiento, no definir el movimiento. Devenir es crear un sentido que lleva más allá de los límites. Devenir es crear. El arte no es imitación, mímesis, identificación con las esencias. El arte es creación. Crear nuevas direcciones. Crear una zona de vecindad, donde ya no se puede discernir una cosa de la otra. Crear un umbral, una zona que está en la sombra y confunde sus límites con otras cosas que están al lado. No se trata de pasar de un lugar definido a otro lugar que también está definido. Se trata de pasar por una zona de indefinición. No se trata de crear nuevos modelos o nuevos objetivos. Se trata de desdibujar los modelos y los objetivos. El arte borronea el modelo. En lugar de perfeccionar el bosquejo logrando una pintura realizada, se trata de borronear la pintura realizada, diluyendo los contornos, como en los retratos de Bacon. Tampoco se trata de aceptar la realidad dada como la perfección que el arte debe sólo imitar o copiar. La perfección real debe ser "imperfeccionada", "desperfeccionada".

El arte no solamente tiende a lo inacabado, a lo incompleto, sino que es "siempre" inacabado. Nunca puede completarse de manera absoluta. Así, impulsa hacia lo informe, lo inacabado, hacia el desborde y la desmesura, en definitiva, hacia lo móvil, porque -como ya leía/pintaba y leíamos/veíamos en otra obra de la artista- "todo fluye". En este sentido, la pintura es asunto de devenir, dejar de ser lo que se era, pintar la vida de nuevo, porque la vida nunca logra acabarse. Es creación, no mera consumación.